El futuro de Virgilio Laverde, joven estudiante de medicina de 25 años y miembro de Vente Venezuela, permanece suspendido desde hace cinco meses. Su detención, ocurrida el 15 de agosto de 2024 a las afueras de su residencia en la parroquia Catedral del municipio Angostura del Orinoco (Bolívar), interrumpió abruptamente su vida y sus aspiraciones profesionales.
“No merece estar detenido”, asegura su madre, oriunda de Upata, a poco más de media hora de Ciudad Bolívar. Con voz quebrada, recuerda cómo aquel día su hijo recibió una llamada de un amigo perteneciente a la Guardia Nacional Bolivariana, quien le advirtió que existía una supuesta orden en su contra. “Voy a tu casa para darte más información”, le dijo. Pero cuando Virgilio bajó, lo esperaba un vehículo con funcionarios del Estado. Desde ese instante, comenzó su calvario.
Detención sin explicación
La madre cuenta que supo de su arresto gracias a un compañero de la Universidad de Oriente (UDO), quien le informó que Virgilio no había regresado a casa. “Luego él mismo me llamó y me dijo que estaba en la sede del Cicpc en Ciudad Bolívar. Viajé desde Upata inmediatamente y al llegar me dijeron que lo habían detenido por motivos políticos y que tenía una orden de captura”, relató.
Dos días después, el 17 de agosto, fue presentado ante las autoridades y permaneció en la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Como otros detenidos tras las elecciones presidenciales, fue imputado por terrorismo, un cargo que su familia considera completamente infundado.
“Dicen que lo capturaron con bombas molotov y artefactos para protestas, pero todo es falso. A mi hijo lo arrestaron frente a su casa y es inocente”, afirma su madre con indignación.
“Virgilio suma, no resta”
Antes de ser detenido, Virgilio era un joven alegre, comprometido con su carrera y con su país. “Está preso por pensar distinto, y eso no es un delito”, insiste su madre.
El estudiante fue arrestado una semana antes de su acto de imposición de batas, ceremonia previa a sus rotaciones médicas. Sus padres asistieron al evento y, en ausencia de su hijo, colocaron una fotografía suya junto a sus compañeros de la promoción 94 de Médicos Cirujanos de la UDO, como símbolo de apoyo y resistencia.
Sus compañeros lo describen como un joven “solidario, optimista y lleno de vida”. Dentro de la facultad, su reputación académica es intachable.
Llamados por su libertad
La madre ha acudido en repetidas ocasiones a la rectora de la Universidad de Oriente, Milena Bravo de Romero, para solicitar que la institución se pronuncie en favor de su hijo. “Ella me ha dicho que no puede hacer nada”, lamenta. “Pero mi hijo es un joven trabajador, inteligente, que aporta al país. No debería estar preso”.
Durante las visitas permitidas los viernes, Virgilio expresa su tristeza por no poder continuar su formación. “Le están truncando su futuro”, dice su madre. “Lleva cinco meses encarcelado y lo único que piensa es en sus rotaciones. Su carrera está congelada”.
Un compañero suyo contó a Fe y Alegría Radio Noticias que su paso por la universidad estuvo lleno de dificultades, pero también de determinación:
“Vivimos paros, pandemia y obstáculos de todo tipo, pero seguimos adelante. Virgilio siempre decía que lo importante era terminar, sin rendirse”.
Aislamiento e incertidumbre
Según la madre, su hijo se encuentra aislado. Funcionarios del Sebin le aseguraron que continúa en Bolívar “porque ellos así lo quieren”, y que con una sola llamada podrían trasladarlo a El Helicoide, en Caracas, como a otros presos políticos.
“Virgilio no merece estar en esas condiciones. Es un muchacho trabajador, lleno de ilusiones”, sostiene. El joven cumplió 25 años el 1 de enero, en prisión, un aniversario marcado por la angustia y la vulneración de sus derechos.
Su caso se suma a la larga lista de detenciones arbitrarias documentadas por el Foro Penal desde el 28 de julio de 2024, tras las elecciones presidenciales.
Una madre sin descanso
La madre de Virgilio ha tenido que dejar su empleo para dedicarse por completo a luchar por su liberación. “Estoy en una habitación cómoda, pero solo pienso en cómo estará él, tan solo y desprotegido”, confiesa entre lágrimas.
Su familia no pierde la esperanza y repite un solo mensaje:
“Por favor, libérenlo”.
Pide al fiscal general Tarek William Saab revisar su caso y los recursos introducidos ante el Ministerio Público, insistiendo en que su hijo es inocente y solo desea convertirse en médico cirujano para servir a su país.







